Las últimas  investigaciones en neurociencia y en ciencia del movimiento demuestran que es fundamental que el niño experimente precozmente la bipedestación ya que favorece el correcto desarrollo tanto musculo-esquelético como psicomotor.

Si por sus dificultades motoras el niño no es capaz de experimentarla por sí mismo  los profesionales que le tratan deben  establecer un programa de bipedestación, sirviéndose de las ayudas técnicas necesarias, previa valoración cuidadosa de las características de cada caso.

Los principales beneficios que aporta una bipedestación precoz son los siguientes:

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  • Fortalece la musculatura postural de miembros inferiores, tronco y cabeza, al hacerla trabajar  contra gravedad.
  • Ayuda a conseguir una correcta remodelación ósea y un trabajo muscular adecuado, indispensables luego para lograr una marcha funcional.
  • Ayuda a evitar la luxación de caderas. El acetábulo donde se articula el fémur se va formando a medida que el hueso va recibiendo carga, si no existe una bipedestación activa, estas cargas no se producen, lo cual hace que la articulación no se desarrolle correctamente y aumente el riesgo de subluxaciones y luxaciones.
  • Mejora de la función renal y vesical, ya que la posición vertical descomprime las vísceras.
  • Mejora de la función cardiorrespiratoria, ya que en posición bípeda el tórax se encuentra  expandido, por lo que los pulmones al estar sin compresión pueden trabajar de forma más eficiente.
  • Ayuda  a mejorar la circulación, debido a que la actividad de la musculatura de las piernas al estar en carga favorece el retorno venoso.
  • Favorece la formación de las curvas fisiológicas de la columna vertebral
  • Descarga la columna vertebral: En sedestación las lumbares reciben toda la carga del cuerpo, cuando estamos de pie, las piernas reciben parte de esa carga, repartiéndose de forma más uniforme.
  • Evita la formación de escaras, úlceras y deformidades musculo-esqueléticas derivadas de pasar mucho  tiempo sentado o tumbado.
  • Beneficios cognitivos y de relación social: Al ser capaces de adoptar diferentes posturas se sienten más iguales a sus compañeros,  se sitúan a su mismo nivel.
  • Aumenta el campo de visión,  lo cual facilita el aprendizaje

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Los programas de bipedestación mediante el uso de ayudas  ortopédicas deben establecerse mediante consenso de todo el equipo multidisciplinar (médico, fisioterapeuta…) en colaboración con el entorno familiar y social del niño.

Lo primero es asegurarse mediante pruebas radiológicas del estado de la articulación coxo-femoral, para poder establecer un rango de apertura de caderas seguro, que evite la subluxación o que ayude a su corrección en caso de que esta ya existiera. Segundo lugar, hay que asegurarse de que el bipedestador escogido es el adecuado a las necesidades, tamaño y afectación del niño.

Una vez escogido el biepdestador, debe pautarse su uso, siempre teniendo en cuenta que, todo niño debería estar como mínimo unos 45 minutos diarios en bipedestación. La bipedestación debe ser siempre activa, es decir realizarla siempre a la vez que proponemos una actividad de juego o aprendizaje motivante para el niño, no aparcarle en el bipedestador.

Los 45 min diarios pueden fraccionarse en tiempos más pequeños, incluso en algunos casos, es preferible.

Al colocar al niño en el bipedestador siempre hay que tener en cuenta que:

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  • Si el niño lleva férulas o plantillas, colocarlas siempre para estar de pie
  • Colocar  los  controles laterales en caderas y  la cincha de seguridad sobre los glúteos
  • En caso de necesitarlos, ajustar los controles opcionales: controles laterales bajo axilas, cincha en zona alta del tronco y control de cabeza.
  • Darle al bipedestador la inclinación necesaria para garantizar un adecuado control cefálico.

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Asegurarnos que en una vista lateral vemos:

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  • Cabeza, tronco, caderas, rodillas (en ligera flexión) y pies, alineados.
  • No hay inclinaciones ni rotaciones de tronco
  • Caderas, alineadas y con la misma apertura
  • Peso repartido uniformemente en las plantas de los pies

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